El diccionario de la Real Academia tiene múltiples
definiciones para travesía y una de las acepciones es: “parte de una carretera
comprendida dentro del casco de una población”. Hay aún definiciones más
precisas como la que indica que es la parte de una carretera que atraviesa una
zona urbana en la cual se encuentran edificaciones en dos terceras partes de su
longitud y que tiene un entramado de calles en, como mínimo, uno de sus lados.
Las travesías se encuentran generalmente en poblaciones pequeñas y medianas ya
que en urbes de mayor tamaño son frecuentes los by pass o rondas de
circunvalación y las carreteras se transforman en calles convencionales al
penetrar en el interior del municipio.
Las travesías plantean diversos problemas. En primer
lugar, suelen dificultar la movilidad peatonal en el interior de una población
al presentar escasos lugares de paso. Además, dichos lugares no ofrecen a menudo
buenas condiciones para el paso de los peatones (bordillos elevados, falta de
semaforización, o en caso de regulación semafórica, tiempos de cruce muy
limitados). A todo ello se une un factor esencial: la velocidad excesiva con que
los vehículos suelen llegar a las travesías a pesar de la señalización que
obliga a una reducción. Existe una correlación entre la velocidad de un vehículo
y su propensión a ceder el paso a los peatones. A mayor velocidad, menor será
dicha propensión. La limitación actual de entrada a cascos urbanos –situada en
50 km/h- se ha revelado como insuficiente. En caso de atropello a un peatón a
esta velocidad la mortalidad supera el 50%. A 30 km/h la mortalidad es inferior al
20%.
Por estas razones, las
soluciones para favorecer la movilidad peatonal en travesías urbanas tienen como
objetivo principal compatibilizar la función de paso de vehículos con las
funciones urbanas –espacio de relación y movilidad de las personas en
condiciones de seguridad.