Los sistemas tradicionales de
desagüe y alcantarillado recogen y acumulan la mayor parte de los agentes
contaminantes generados por las urbes en sumideros abiertos, tuberías y canales,
creando hábitats naturales para insectos y ratas, de este modo favorecen la
proliferación de bacterias anaerobias, transportándolas durante periodos de
lluvia e incrementando los niveles de contaminación de ríos y
océanos.
Aparte de estos beneficios en el ámbito de la contaminación
y la salud, la inversión en permeabilización del suelo y filtración de aguas
pluviales aporta otras importantes ventajas:
·
Obtención de nuevos recursos
hídricos que de otra forma se perderían.
·
Mejora
del funcionamiento de las redes de saneamiento.
·
Selección de la mejor opción en un
contexto determinado: vertido directo a cauce,
infiltración en el terreno o conexión a saneamiento.
·
Reducción de gastos de depuración
y canalización de aguas.
·
Reducción del peligro de
inundaciones
·
Obtención de un mejor
comportamiento térmico de los edificios (repercusión en el consumo energético de
éstos)
·
Control de la temperatura
urbana.
·
Generación de superficies de juego
consistentes en campos deportivos.
·
Reducción de las necesidades de
mantenimiento en campos de juego, parques y
jardines.
En
carreteras, evita
el vuelco del vehículo en caso de salida incontrolada de calzada; aumenta
la superficie útil de la carretera; elimina la necesidad de barrera
antivuelco; mejora la integración paisajística y el drenaje profundo de
la carretera.