La puesta en marcha del
Cargohopper contribuye a la realización de uno los objetivos ambientales de la
ciudad de Utrecht. El aparente
modesto trabajo de este vehículo adquiere cierta dimensión si se contempla desde
una perspectiva anual, ya que en este período es capaz de cubrir unos 100.000
kilómetros. Se trata de una distancia considerable que deja de ser cubierta por
vehículos de combustión. Esto conlleva evitar el consumo de 20.000 litros de
diesel y las respectivas emisiones asociadas unas 30 tep (toneladas
equivalentes de petróleo), lo que supera prácticamente en el doble el objetivo
de reducción de 16 tep.
Existe además un efecto beneficioso en la fluidez del tráfico ya que la
anchura del Cargohopper permite el paso holgado de otros vehículos cuando
normalmente las furgonetas de reparto implican la obturación del tráfico rodado,
lo cual acaba redundando en mayores emisiones y
contaminación.
El Cargohopper es una aplicación real de un sistema que puede ser replicado en otras ciudades
aunque seguramente habría que desarrollar nuevas estructuras logísticas ad hoc en función del tamaño y
configuración urbana de cada ciudad. Desde el punto de vista empresarial supone
un acicate para el negocio logístico en cuanto a innovación y ahorro económico
para los operadores.