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Las actuaciones para favorecer la movilidad peatonal en travesías urbanas se dividen en dos grandes fases. En la primera debe desarrollarse un análisis del lugar escogido para la intervención. En la segunda fase se implementan las soluciones concretas que dependerán en gran medida de los resultados del primer análisis. Las soluciones a la movilidad peatonal no pueden establecerse de forma estandarizada sino adaptada a cada realidad después de una observación empírica detallada.

Primera fase: recogida de información
 
El análisis se extiende a los pasos de peatones, a la vía y a las aceras. En el primer caso, se determina la localización de los pasos y su accesibilidad. Es conveniente efectuar un conteo del flujo de personas y disponer de un análisis global del entorno de la travesía, como por ejemplo la existencia de atractores: una escuela, una iglesia o un parque que ayudan a dibujar los principales ejes de movilidad peatonal.
 
En el caso de la vía es fundamental determinar el flujo de vehículos (IMD o vehículos/hora), así como los accidentes, el ruido, la velocidad, nivel de iluminación, anchura de la vía, presencia de elementos reductores de la velocidad etc. De las aceras se debe conocer su anchura, estado de conservación así como el flujo de personas que circulan por ellas. Otros elementos cuya ubicación debe ser conocida y que deben ser identificados son: carriles-bus y paradas, espacios para carga y descarga de mercaderías, aparcamientos en superficie y su tipología, carriles para bicicletas; sin olvidar las malas prácticas relacionadas con estos elementos (aparcamientos ilegales, mobiliario urbano erróneamente emplazado que impide la visibilidad o el paso, etc.).
 
Para obtener esta información hay que basarse en un trabajo de campo en algunos casos con la ayuda de aparatos específicos –aforos, sonómetros, cámaras fotográficas, etc.- y en otros con la simple inspección visual y la posterior anotación. Estos datos pueden traducirse en la elaboración manual de un mapa esquemático para que puedan ser visualizados en su conjunto. Para una mayor facilidad de procesamiento toda la información puede ser volcada en un Sistema de Información Geográfica (GIS).

Segunda fase: aplicación de las soluciones
La implementación de las soluciones que favorezcan la movilidad de los peatones en las travesías urbanas pasan, de modo principal, por la implantación de pasos para los viandantes pero también por la intervención en la vía y las aceras con diseños de calzadas que favorezcan una velocidad moderada y anchos de acera con un mínimo de 2,5 m.
De los pasos deben definirse las tipologías, así como establecer su ubicación y considerar los aspectos relacionados con la seguridad. La elección de una u otra tipología de pasos de peatones se basará en las intensidades de flujos de vehículos y peatones.
El segundo aspecto por determinar, relacionado con los pasos, es su ubicación y número. De esta forma, en el tramo urbano se situarán pasos en todos los accesos de relevancia para el peatón (calles, centros de interés, etc.) procurando disponer al menos de un paso cada 100 ó 150 metros. En el tramo periurbano el número de pasos se verá reducido al mínimo imprescindible.
El tercer aspecto está relacionado con la seguridad. Hay que garantizar que los vehículos se acercarán al paso de peatones a una velocidad moderada; para ello se cuenta con señales de limitación de velocidad y elementos reductores (bandas, estrechamiento de calzada, plataformas sobreelevadas en intersección, etc.) Con este mismo objetivo y de forma complementaria todos los pasos de peatones deben estar bien iluminados, incluso los situados en zonas periurbanas, precisamente en este caso debido a la mala visibilidad. Es conveniente asimismo la semaforización con pulsador de modo manteniendo así la circulación del tráfico, que se ve interrumpida a requerimiento del peatón.